Monday, April 06, 2009

El regreso


El regreso


Me acerco

con la firmeza que me da el miedo.

Con el ànimo perdido y la conciencia en confusión.


Me arrimo, con el tedio atorado en la garganta

y con el deseo constreñido de decir algo

que no pueda arrepentirme.


He deambulado por la ciudad,

he atravesado la barrera que devalúa la autoestima.

Ya no son los días de la sorpresa.

Ya no los inconscientes paisajes

pobladores de sueños con su mar en calma;

con su triste mirar aciago, indeciso.


Me acerco poco a poco a pedir perdón a la poesía;

a que regrese,

porque día y noche

la estaré esperando.


José Francisco.


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Grito sin rostro



Después del grito,

el aire limpia los estragos del camino,

agrupa las esperanzas en la fe,

desanda, los senderos.


Después de la búsqueda a la intemperie

queda el hueco que la noche deja,

el silencio;

los soldados que olvidaron su nombre

y su bandera.


Queda el aire enrarecido;

las flores marchitas y los cuatro vientos.


Es preciso buscar refugio

ahondar en las miradas

y en las lluvias de canto triste.


Es necesario buscar en lejanías interiores

en brumas que no salgan de la noche.

Los ruidos del fuego no deben asustarnos.


Mañana.


Será mañana tal vez la otra orilla

y el rumbo será retomado

en el eco

y retumbo de los espejos.


José Francisco.

Wednesday, July 25, 2007

Lejanía



Lejos




Nadie me dijo

que eran largos los caminos;

que las huellas y la lluvia

ya estaban cansadas.


Nadie me advirtió

que la música en los oídos

podría ser un espejismo,

un deseo congelado en la inocencia.


Los valles inundados recordaban todo

inmensas nubes bordaban su imagen,

en el eco desprendido del ocaso.


La luz que manaba del cielo

extendía su frente, su designio,

enarbolaba con júbilo su bandera.



Pero no eran los lugares transitables,

había que dormir para llegar lejos

porque los sueños liberaban las distancias

y la noche era una estrella naufragando

en el mar.


José Francisco Moreno

Wednesday, January 31, 2007

Antibélica


XXXIV

El miedo

a mezclar mi voz con los andrajos de las vestiduras,

con los días amargos y dolientes

que asesinan a los gritos atestados de calles,

de individuos.

El temor, a los días extensos, extenuados,

largos lagos de sangre

vestigios de guerras inconclusas.

Aquí

el humo es un aliento destetado

que no sabe, que no impera

entre las vociferantes voces de la muerte,

entre los dueños del aire

que esperan ver pasar el tiempo

y se sientan y se paran

y atisban al horizonte

esperando encontrarse a sí mismos.

¡No!

no quiero mezclar mi voz en esas calles

victimas del tráfico de artificiales sueños,

asesinas de cantos inocentes

y opresoras de la libertad.

Guardo mi voz para incendiar el viento

el día que no impere el silencio colectivo,

y que cada quien ofrezca sus manos

sin vanidad , sin presencia;

sin esa carga de inyección letal

que mal llamamos “medios

de comunicación masiva”.

J. Francisco Moreno M.



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Hay otros

Que, bajo el negro silencio

han dejado crecer en las rosas

la oscuridad de sus miradas,

otros

cuyos rostros no existen en los espejos

y tratan de volver

a donde no han partido.

Hay algunos

cuya sangre es negra como el petróleo

y su piel de blancas plumas

esconde las verdes y camufladas escamas

de la perdición de su alma.

Pablo Ríos.


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Grito


Yo tenia callado mi rostro,

entretejido en estelas locales;

entre vándalos, espejismos hirientes

y lunas marchitas.

Era el límite de la misericordia,

un estertor en la radio

que agonizaba prudente

entre bocanadas de intenciones

y de sombras, ocultas tras la luz.

Pero decidí cambiarlo;

enverdecer el paisaje

y buscar un camino intransitado,

silente;

sin el yugo engañoso del materialismo.

Hasta alcanzar al cielo,

¡Al viento vibrante de los trinos liberados

cuando termina la noche!

¡Polvo cósmico!

¡Sé cual es mi destino!

De gaviotas desnudas

y blancas melancolías.

De ausencia.

Pero vuelvo,

porque no estoy convencido

de la muerte con máscara.

Ni de la amplitud sin superficie.

He buscado por doquiera

la vida amable y el perdón de Dios

y el salto suicida de los cuatro vientos.

Pero nadie quiso,

nadie pudo ayudarme,

a callar mi rostro



J. Francisco Moreno M.

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Sin embargo




Sin embargo la tierra

no olvidará a nadie.

No olvidará el viento ninguna voz

ni lo orilla perderá su forma

bajo las manchas de rosas.

Sería vano encadenar los lamentos

bajo los escombros,

escupir hojarascas de fuego

sobre los culpables.

Sería inútil quemar el pasto verde

de los ojos mutilados y de los oídos ciegos.

La abierta herida no sanará jamás.

¿Qué le diré a la noche

cuando empiece a oscurecer?

¿Y al silencio que es zumbido?

¿Que le diré al polvo que lame las estrellas

en el atardecer?

No tengo cara, ni pies, ni flores.

No guardaré minutos de silencio

en este largo y agonizante grito.

La vida se va, se queda;

sumerge su ruina y florece inconclusa,

sin aire, y sin voz.



Pablo Ríos


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“ La lluvia

Se ha fijado en mi,

en lo tosco y pesado de mi sombra.”

Juan Marino




Cuando llueve



La lluvia duele cuando cae al suelo,

parece un canto a las viejas heridas

que colman la tierra.

Es un yo que se niega a sí mismo,

a su noche y a su precipicio.

Duele la lluvia en espacios moribundos,

con golpes sin gracia en el mismo lugar.

¡Esperanza caída!

Intento vano de reencontrar la fe.

El dolor llega como rayo estruendoso

como grito que vuela ya sin vida al cielo.

Y yo, cuando llueve,

me envuelvo en mi sombra y espero.

También perdí el camino

para volver al mar.


J. Francisco Moreno M.

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